Los grandes fracasos de la Copa: millones en la cancha, campeones borrados y favoritos que se fueron por la puerta de atrás.

La fase de grupos dejó alegrías, sorpresas y también golpes durísimos para selecciones que llegaron con historia, figuras y plantillas millonarias. El nuevo formato abrió más lugares para seguir con vida, pero ni eso fue suficiente para algunos equipos que terminaron convertidos en las grandes decepciones del torneo.

El caso más fuerte fue Uruguay. La Celeste, dos veces campeona del mundo, quedó eliminada en primera ronda después de empatar ante Arabia Saudita y Cabo Verde, y caer frente a España. El equipo de Marcelo Bielsa nunca encontró estabilidad, sufrió errores puntuales en defensa y terminó con una sensación de ruptura interna más que de simple fracaso deportivo.

Corea del Sur también se fue antes de tiempo. Llegaba con una generación importante, nombres de peso internacional y la ilusión de competir por algo más que avanzar de grupo. Sin embargo, después de vencer a Chequia, perdió ante México y Sudáfrica por el mismo marcador, dejando escapar una clasificación que parecía estar en sus manos.

Turquía fue otra de las grandes decepciones. Su regreso al torneo generaba expectativa por una camada joven y talentosa encabezada por futbolistas como Arda Güler, Hakan Çalhanoglu y Kenan Yildiz. Pero el equipo no respondió cuando más importaba. Perdió sus dos primeros partidos y su única victoria llegó demasiado tarde, cuando ya no había nada que rescatar.

El dinero tampoco compró resultados. Turquía, Uruguay y Chequia estuvieron entre las selecciones eliminadas con mayor valor de plantilla, mientras equipos con nóminas mucho más modestas como Australia, Cabo Verde y Sudáfrica sí lograron avanzar. Otra vez quedó claro que en una Copa no gana el más caro, sino el que compite mejor.

También hubo regresos que terminaron en decepción. Chequia, Escocia, Irak y Turquía volvían después de años de ausencia, pero ninguno logró transformar la nostalgia en protagonismo. Irak fue el caso más duro: terminó sin puntos y con una diferencia de goles muy negativa, cerrando una participación para el olvido.

La gran lección de esta primera fase es contundente: la historia pesa, las figuras venden y las plantillas caras ilusionan, pero nada de eso garantiza sobrevivir. En este torneo, varios nombres grandes quedaron expuestos y otros equipos con menos reflectores demostraron que competir con orden, personalidad y hambre puede valer más que millones en el mercado.