Nueva York volvió a tocar la gloria. Los Knicks pusieron fin a una sequía de 53 años sin campeonato al derrotar a los Spurs y conquistar el tercer título de su historia, una hazaña que ya es considerada una de las más importantes en la historia reciente de la franquicia.
Pero la celebración no llegó sola. Además del trofeo Larry O’Brien, la organización recibió un premio económico cercano a los 9.5 millones de dólares, coronando una temporada que también disparó la fiebre por el equipo dentro y fuera de la cancha.
La gran figura fue Jalen Brunson, quien lideró a los Knicks durante toda la serie y terminó llevándose el premio al MVP de las Finales tras una actuación histórica que lo coloca ya entre las máximas leyendas de la franquicia.
Lo que parecía imposible finalmente sucedió: Nueva York volvió a ser campeón y la ciudad entera está viviendo una celebración que tardó más de medio siglo en llegar.
