El caos se apoderó del Sevilla y la directiva tomó una decisión inevitable: Matías Almeyda ya no es el entrenador del club andaluz.
La derrota en casa ante Valencia terminó de sentenciar un proyecto que nunca logró estabilidad. El equipo marcha en la posición 15 de LaLiga con apenas 31 puntos tras 29 jornadas, a solo tres unidades de la zona de descenso, una realidad impensable para un club que hace poco competía en Europa.
Los números son contundentes y no dejan espacio para excusas. Sevilla apenas consiguió una victoria en sus últimos ocho partidos y acumuló una racha negativa que lo metió de lleno en la pelea por la permanencia.
Almeyda, que llegó en verano de 2025 con la misión de reconstruir al equipo, dirigió 32 partidos oficiales, pero nunca logró darle regularidad a un plantel que incluso se convirtió en uno de los más vulnerables defensivamente en el campeonato.
Además, su situación se complicó aún más tras una sanción de siete partidos por confrontar a un árbitro, lo que debilitó su control directo sobre el equipo en momentos clave de la temporada.
El club agradeció su trabajo públicamente, pero la realidad es otra: el Sevilla vive una crisis profunda, con constantes cambios en el banquillo y sin rumbo claro, acumulando ya múltiples entrenadores en los últimos años.
Ahora, la prioridad es una sola: encontrar un técnico capaz de salvar la temporada y evitar un descenso que sería histórico para uno de los equipos más importantes del fútbol español.

