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¡Mexicanos, déjense de joder y dedíquense a los tacos!

¡Mexicanos, déjense de joder y dedíquense a los tacos! Soy el Profe, y quise esperar un par de días para enfriar la cabeza, pero es imposible. ¿Cómo carajo se puede defender lo indefendible? Estos pibes mexicanos no saben jugar al fútbol, y lo que hicieron en el Estadio Monumental del Moses no tiene nombre. Bah, sí tiene: ¡lástima y vergüenza! River Plate, el club más grande del continente (y eso ni lo discuto), se los paseó cuando quiso. Era como ver a un maestro enseñándole a un grupo de nenes cómo se mueve la pelota. Fue tan aburrido que al final decidimos meter a Checo, el pibe de la tercera, para que tenga un poco de ritmo y se divierta. Pobrecitos los costales mexicanos, hasta lloraban como si estuvieran cantando Cielito Lindo. ¿Y qué esperaban? Que los pibes mexicanos se plantaran en el Monumental y fueran protagonistas… ¡Qué ilusos! No están para eso. Estos muchachos no juegan al fútbol, apenas si saben parar la pelota. Deberían considerar otras disciplinas, algo mas a su altura. Competencias de tacos, tortas o tamales, ahí sí podrían hacer historia. Porque, seamos sinceros, México podrá tener buena comida, playas lindas y música pegadiza, pero fútbol… ¡Eso no! Somos nosotros, los argentinos, los tocados por Dios. Acá, en Argentina, nacimos con la pelota en el pie. Allá nacieron con una tortilla. No se puede comparar. Así que, mexicanos, basta de joder. Si quieren fútbol, compren entradas para el Monumental y disfruten del show. Pero si quieren competir, piensen en abrir un food truck en el Obelisco. Ahí, capaz, ganan algo. Con cariño, El Profe. Facebook WhatsApp X Threads

Cruz Azul: Sin Títulos, Sin Técnico, Sin Estadio… y Sin Vergüenza

Cruz Azul: Sin Títulos, Sin Técnico, Sin Estadio… y Sin Vergüenza Por Aldo Quiroz Martín Anselmi ha tomado la decisión correcta. Se va a dirigir al Porto de Portugal, un gigante histórico del fútbol europeo. Para mí, una gran decisión: mil veces mejor dar el salto a Europa que quedarse en la Liga MX al mando de un equipo tan salado como Cruz Azul. Su sueño de triunfar en México se queda en el camino, pero no por falta de capacidad, sino porque dirigir a este club es navegar un barco que se tambalea desde hace años, con una directiva que parece empeñada en hundirlo aún más. La realidad de Cruz Azul es tan absurda que parece un mal chiste. Una cementera que no puede ni construir su propio estadio. Una institución cuyo ex presidente, Billy Álvarez, fue acusado de crimen organizado, dejando al club con un legado de desorden administrativo y escándalos. No olvidemos las tantas finales perdidas que definieron una era. No una ni dos, sino toda una colección de humillaciones que se quedan grabadas en la memoria de su fiel afición. Y como si no fuera suficiente, ahí está el América, el eterno verdugo que parece tener en Cruz Azul a su cliente favorito. Las remontadas épicas que las Águilas les han recetado, especialmente en momentos cruciales, son capítulos que deberían estar prohibidos para cualquier fanático celeste con problemas del corazón. El caos y el drama no se detienen ahí. Basta con recordar el secuestro de su técnico Rubén Omar Romano, una de las historias más trágicas y surrealistas del fútbol mexicano. Es un episodio que habla no solo de los desafíos de dirigir a Cruz Azul, sino también del aura de inestabilidad que parece rodear al club en todo momento. Hoy, Cruz Azul no tiene técnico, no tiene estadio y, lo más importante, no tiene identidad. Lo que alguna vez fue un club grande ahora es un caso de estudio sobre cómo convertir la mediocridad en una constante. La institución ha gastado millones en refuerzos y técnicos, solo para ser el hazmerreír de la liga. ¿Y qué queda para la afición? Una base de seguidores fieles, que no importa cuánto los humillen, siempre están ahí, esperando un milagro. Pero, ¿cómo exigirles más paciencia? La grandeza no se mide solo por el pasado, sino por lo que haces con él, y Cruz Azul, al parecer, lo ha olvidado por completo. Martín Anselmi hará bien en buscar éxito en el Porto, lejos de esta institución que parece condenada a su propia incompetencia. Dar el salto a Europa es una decisión inteligente y necesaria para su carrera. Cruz Azul no solo está perdido, está atrapado en un ciclo de fracasos, escándalos y vergüenza. La pregunta sigue en el aire: ¿hay esperanza para este equipo? Y si la hay, ¿quién será el valiente que se atreva a rescatarlo? Porque, por ahora, Cruz Azul no tiene rumbo, y mucho menos, dignidad. Facebook WhatsApp X Threads